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Editorial

Tiempo de lectura: 2 minutos

Del miedo al amor

Son 13 años desde nuestra anterior Arcilla impresa y ahora afrontamos nuevamente el reto. Desde el 2005 no hemos parado de afrontarlos porque así lo demanda la vocación de maestros. Y queremos no sólo que nuestros logros se conozcan, sino también contribuir a la investigación educativa en el Ecuador.

Si rastreáramos nuestro proceso comunicativo encontraríamos en realidad que la comunicación ha sido uno de nuestros ejes transversales. Arcilla nació como boletín (1987-1989). A la par editábamos el periódico Nuestra Tierra con la Organización Popular por la Salud (1988-1993). Con ella misma produjimos La Yuyera (1988-1991), un folleto sobre herbolaria, donde cada edición estaba dedicada a una de nuestras plantas medicinales.

Portada de la anterior versión impresa de la Revista

En ese mismo intenso período nuestro trabajo audiovisual previo con títeres y obras de teatro, dio paso a la radio revista semanal Cuente vecinita, cuente (1987-1991) sobre el proceso organizativo barrial, juvenil y de mujeres, producida en nuestra propia cabina radial. La trasmitimos primero por Radio HCM1 de la Basílica del Voto Nacional, luego por Radio Éxito y en el último tramo por Radio Católica Nacional del Ecuador. No es, pues, reciente nuestra intención de comunicar lo que hacemos al pie del cerro Ungüí. Y ahora la revista Arcilla tiene nuevo formato.

El paso hacia lo digital va más allá de ponerse al día con el medio; es más bien una manera de cargarlo de contenido. Porque con toda su potencialidad, el internet también se ha evidenciado como una fuente de desconexión entre seres humanos, de aislamiento personal y social, y de pérdida de criterio de realidad. Asumir la edición de una revista educativa ecuatoriana es nuestra manera de usar esta fuerza para el bien.

Esa fuerza es la que nos convocó el año pasado con la voz del Dalai Lama[1] y nos da una pauta con la que caminar en los tiempos modernos. Son tiempos específicamente distintos a los anteriores, donde nuestros estudiantes tienen problemáticas más difíciles de rastrear y de contener, donde lo que vemos es nada menos que una disyuntiva entre nuestra extinción como especie o la evolución hacia otra vida.

Para optar por la vida hay millones de acciones y propuestas que surgen espontáneamente a lo largo y ancho del mundo. Sobra ingenio, entrega y diversidad. Lo que falta es que se conecten entre sí. Quizás esa sea la finalidad del internet y a través de este sistema nervioso planetario que ahora nos cubre, podamos sumar esos millones de acciones para el bien, e inclinar así la balanza del miedo al amor. En este platillo ponemos con esta entrega todo nuestro peso.

[1] Una fuerza para el bien: La visión del Dalai Lama para nuestro mundo, Daniel Goleman, Buenos Aires, Ediciones B, 2015, 276 pp.

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