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Mantener Viva la Esperanza 2

Tiempo de lectura: 6 minutos

Compa… ¿puedo entrar con zapatos de fiesta a la luna?

Alicia Tipantuña (5 años)

      El primo Willita, las muy chiquitas Doris y Elena, los traviesos y juguetones Manuel y Juan Carlos jugaban en el chaquiñán con un increíble coche de madera. Eran parte del grupo de niños y niñas que asistían de la manera más alegre y espontánea a las actividades de Educación Popular (EP) que habíamos organizado en el pequeño barrio. El terreno de Don Casimiro Pillajo, en la cima del pucará, servía de escenario natural. Había un angosto sendero de acceso por la calle Chilibulo al chaquiñán que separaba en dos partes al barrio; éste recorría de oriente a occidente, rodeaba a la planta de agua potable y terminaba en la vía de acceso al Ungüí.

       Los talleres sobre salud e Investigación-Acción Participativa (IAP) convocaban, especialmente, a las vecinas del barrio. Llegaban con sus hijos. Los de brazos dormían en el regazo materno mientras sus madres participaban en el taller. Los más grandecitos formaban otro grupo con el cual se realizaba un taller infantil. Para los jóvenes educadores del INEPE era la segunda experiencia de trabajo de Educación Popular con niños y niñas menores de cinco años, pues la primera la habían desarrollado en el Centro de Educación Popular (CEP) del barrio La Raya desde finales de los setenta a inicios de los ochenta.

Profesionalizar el trabajo

      Corría la mitad de la década de los ochenta. En la loma del barrio La Dolorosa, el INEPE había contribuido en la constitución del Comité Pro-mejoras y del Club Juventud Unida como expresiones de la organización del sector. En 1988 el flamante presidente de la República, Dr. Rodrigo Borja Cevallos convocó a las organizaciones populares a presentar propuestas de políticas sociales para su gobierno. El INEPE aportó con su experiencia en la convocatoria del Ministerio de Bienestar Social para el diseño del Programa Red Comunitaria para el Desarrollo Infantil. Lo hizo también en Educación Intercultural Bilingüe y posteriormente realizó una consultoría para la Dirección de la Mujer.

      Tres adolescentes del Club Juventud Unida vivían sus embarazos. Necesitaban trabajar, al igual que muchas de las vecinas. La Red Comunitaria para el Desarrollo Infantil tenía como uno de sus objetivos el incorporar en los Centros de Desarrollo Infantil (CDI) a madres comunitarias para realizar las labores pedagógicas y/o de preparación de los alimentos para los infantes. Surgió así el Centro de Desarrollo Infantil INEPE, un año antes de la escuelita de chocolate (ver Arcilla 1, pp. 22-23) para atender a los niños y niñas menores de cinco años cuyas mamás vendían en los mercados o realizaban labores agrícolas en el Ungüí. El CDI ha sido desde entonces una fuente de trabajo y formación para las vecinas del barrio, para las madres de familia, las egresadas del INEPE, profesionales de Educación Inicial.

      Volver profesional el trabajo de las madres comunitarias fue un objetivo de inicio, el cual aún se conserva. Si las compañeras no sabían leer y escribir se alfabetizaban de forma simultánea a la planificación y ejecución de sus labores pedagógicas. Lo propio si no habían culminado la escuela o el colegio. El trabajo de formación de las educadoras fue y es arduo, pues las tareas educativas con los pequeños infantes así lo exigían y siguen exigiéndolo. Solamente una solidaridad a toda prueba del equipo fundador del INEPE logra mantener viva la esperanza concreta de hacer posible una educación integral de calidad para los sectores más vulnerables del país, en entornos de afecto sincero para los niños y niñas menores de cinco años, conscientes de vivir en una sociedad adultocéntrica que no cuida y protege a lo más preciado de su población.

Aporte teórico

       El equipo educativo del Instituto se dio a la tarea de recrear los procesos de formación realizados con mujeres pobladoras, campesinas, obreras, estudiantes, profesionales de la salud, profesoras; así como diseñar el currículo para las madres comunitarias. Asumir una formación integral de alta calidad humana y académica a partir de la realidad histórico-cultural del sector fue uno de los pilares que orientó el diseño. Otro pilar fue la investigación exhaustiva de la psicología evolutiva de las tiernas edades. Gesell, Ilg, Bates Ames, Piaget, Luria fueron y son los referentes conceptuales clásicos.

     A través de Luria llegamos a Lev Vygotsky, cuya teoría orienta hasta hoy las investigaciones en el CDI. No podía faltar el arte. Lowenfeld y Lambert nos han enseñado a leer y desarrollar las expresiones plásticas de los tiernos infantes. Gustavo Alfredo Jácome, Leov Bolaños, Gabriela Mistral, Rafael Pombo, Gabriel García Lorca y más clásicos de la literatura infantil han educado la sensibilidad del equipo educativo, de los niños y niñas y de sus familias, desde los primeros pasos dados en 1988.

      A las fuentes teóricas citadas se sumaron las experiencias adquiridas en las visitas a proyectos alternativos de Educación Inicial y las investigaciones de aportes internacionales, para integrarlas en el diseño del currículo que íbamos a desarrollar en los CDI. A la sazón, éramos responsables de cinco flamantes centros. Un referente muy importante del diseño fueron los Círculos Infantiles cubanos. En 1993 los pudimos visitar, compartir cinco años de trabajo y enriquecernos con su experiencia.

      Surgió así el primer currículo para las edades iniciales concebido como un proceso de Investigación-Acción Participativa (IAP). Tres fueron sus componentes: el pedagógico, el de formación docente y el administrativo-financiero. Se debía organizar desde la conformación de los grupos de edad, la planificación docente de cada educadora, los recursos didácticos, el aseo de los niños, hasta el menú diario, su elaboración, la adquisición de los alimentos. El Estado pagaba la bonificación de las madres comunitarias pero no lo hacía con los beneficios de ley y la Seguridad Social.

Aval universitario

      Luego de diez años de trabajo, la experiencia de IAP con las edades iniciales se concretó en el currículo para la Licenciatura en Parvularia (ver Arcilla 1, pp. 36-43) como currículo alternativo que el INEPE brindó para contribuir a la educación de los niños y niñas desde las más tiernas edades. Los estudios de quienes siguieron esta carrera fueron avalados académicamente por la Universidad Técnica de Cotopaxi, a través de un convenio de cooperación interinstitucional.

      Los aportes científicos de la neuropsicología evolutiva, las investigaciones de la Clínica Tavistock de Londres, los aprendizajes significativos de Ausubel e Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, las investigaciones sobre la numerosidad y el cerebro lector de Stalisnas Dehaene han enriquecido los currículos del INEPE en estas últimas décadas. Aportes científicos en diálogo de saberes con la heurística del trabajo de los CDI del INEPE y del país, para integrar a los talleres la cultura, la historia, la experiencia y el conocimiento de nuestra realidad.

Ceremonia de Clausura de los Cursos Virtuales 2017 – Décima Octava Edición

       Las percepciones de los talleres para Educación Inicial han tomado en cuenta estos aportes para responder a las características de los niños y niñas del siglo XXI. Los resultados de las investigaciones longitudinales se han concretado en los cinco cursos virtuales de Educación Inicial que desde el año 2012 se desarrollan en convenio con la Escuela Politécnica Nacional (EPN). A quienes los culminan, la EPN les otorga el Diploma de Expertas(os) en Educación Inicial.

      Un aporte muy especial a la educación de los pequeños infantes lo proporciona desde hace un año el curso de Estimulación Musical Temprana que lo impulsa la Maestra Andrea Raza. Este es parte del Programa de Educación del Talento Musical del INEPE, el cual recrea el Método del Maestro japonés Shinichi Suzuki. Los resultados con los bebés, niñas y niños menores de cinco años son extraordinarios. Para mayor información se puede visitar la sección PETM en esta web y también el artículo Divulgando nuestras experiencias.

      En la actualidad el INEPE ha retomado las gestiones con la SENESCYT para constituirse en un espacio de educación superior a través de nuestro propio Instituto Superior Universitario. De allí que apoyamos las transformaciones a la Ley Orgánica de Educación Superior, aprobadas este mayo de 2018 por la Asamblea Nacional del Ecuador, lo que permite que los institutos tecnológicos podamos ser parte del debate de la educación de tercer nivel. En nuestro caso queremos aportar al país con lo que hemos aprendido a hacer mejor y ofrecer así Tecnologías Superiores en Agroecología, Educación Inicial, Educación General Básica, Música, Bienestar Humano, así como Maestrías Tecnológicas en Administración Educativa y Educación Popular.

Lo fundamental es el camino recorrido y sus perspectivas: mantener el cariño y compromiso con las infinitas formas del ser infantil y brindar una educación integral de calidad que potencie su desarrollo, contribuya a su felicidad y a la de sus familias.

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