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Una alternativa al internet

Tiempo de lectura: 4 minutos

      Se inventó antes que el ser humano y está presente en todas las culturas del mundo. Es gratuito y accesible a todas las edades. Algunos lo llaman la vitamina N, porque con esa letra empieza la palabra naturaleza.

      Si bien estamos rodeados de ella, la mayoría de la población ecuatoriana ya no es rural y se distancia cada vez más de los ciclos agrícolas. La naturaleza, sin embargo, sigue estando ahí: en el pequeño jardín que quedó al construir el edificio o al ampliar la casa, en el parque barrial, en el árbol que sobrevive en las canchas o en la escalinata, en lo que permanece de verde en la placita o en los juegos infantiles y también en los grandes parques de las metrópolis.

      No solemos notarla porque permanecemos bajo techo, aunque sea el de un automotor, casi todo el día. Para este fin no cuentan trabajos como los de la policía de tránsito o el del vendedor ambulante. El antídoto surte efecto cuando salimos a estar con la naturaleza, aunque no fuera más que empujados por prescripción médica o a pasear al perro. Eso es ya poner un pie afuera.

Aprender de nuevo

      Como hemos erosionado tan rápidamente nuestro contacto con la tierra, el habitante urbano tiene casi todo por reaprender. Mucho tiempo antes de poder soltar la soberbia de dominarla o de creerse superior a los demás animales, el proceso empieza por estar en la naturaleza un ratito diariamente, aprendiendo a través de los sentidos. Si no se puede a diario, tal vez un tiempo más largo en días libres, con algunas preguntas que jalonan el proceso. Mejor si es el mismo sitio, para conocerlo profundamente.

      Así lo indican los mentores de esta práctica que tiene su sede en California (Estados Unidos), aunque la experiencia se haya extendido a pequeñas comunidades de numerosos países de diferentes continentes a lo largo de unas tres décadas. A través de esta Arcilla tenemos la generosa oferta de un curso gratuito en español, para el que se proveen los detalles al final de este artículo.

        8 Shields (8 Escudos) es el nombre de la organización (www.8shields.org) que se ha nutrido de la incalculable bendición de tener remanentes de sociedades originarias, como la que sobrevive en Botswana (en el sur del África) y en la propia Norteamérica. Con ese bagaje, la institución ha desarrollado un modelo que permite volver a crear comunidades sanas, tanto entre seres humanos como con el entorno.

     La visión que albergan es tan profunda como lo es la misma necesidad: hacer reparación cultural y permacultura social. En la premisa de 8 Shields, la occidentalización del mundo se ha producido a consecuencia de una conquista tras otra, sin llegar a hacer jamás una reparación del daño ocasionado. Y sin saber cómo hacerlo tampoco.

     Observar la naturaleza para aprender a reparar es la propuesta básica. Es aprendiendo del comportamiento animal, vegetal y mineral como aprendemos. No son salidas a hacer deporte o a recolectar muestras para el laboratorio. Por eso este modelo se distancia expresamente del sistema educativo y del recreativo. Se definen a sí mismos como un modelo de conexión. Quien lo sigue incorpora los 8 atributos que nos conectan (y que dan nombre a la organización): alegría, energía vital, escucha incondicional, empatía, servicio, propósito de vida, conexión interna, mente aquietada.

Y aprender de quién

      Tampoco es bendición menor que haya habido quien recolecte la información milenaria y la sistematice para el habitante moderno. Hubo muchos años de no tener con quién socializar el trabajo ni con quién enraizar estos aprendizajes. Ya los tenemos.

      Ni puede pasarnos sin reflexión que sea el hombre blanco el que haya retomado la práctica de ese conocimiento sistematizado y lo ponga a disposición universal. Tal vez porque viene de él estemos dispuestos a adoptarlo. Cuánto habla eso de nuestros propios complejos, creados justamente por no haber reparado nunca ningún daño, ni el antiguo, ni el actual.

      Toda la decisión está puesta ahora en el despertar que experimenta una porción de la humanidad, con el reto de que ese porcentaje de población sea suficiente como para inclinar el platillo de la balanza de la descomposición hacia la evolución. Para lograrlo también el internet juega un papel que no podemos ignorar, pero que necesita ser utilizado para el bien. Y decidir además compensar esas horas digitales con tiempo real en la naturaleza -sin teléfonos ni agenda- simplemente para observarla.

    Lo que han constatado en 8 Shields es que ahí donde la gente aprende a establecer un contacto profundo con ella, encuentra paz interna, el requisito inicial e indispensable. Esa experiencia necesita ser sostenida con otros seres humanos del entorno que estén también aprendiendo; sólo ese anclaje comunitario permite que se sostenga la conexión. Desde allí es posible enseñar a otros grupos y expandir la espiral.

     Esa es la ruta esencial para alcanzar la paz colectiva, como la han practicado las culturas ancestrales del mundo. Una de la que hemos perdido el rumbo y que nos urge reencontrar.

     Para dar el primer paso está la propuesta de una experiencia gratuita en español. Se trata de un curso de 6 semanas con un módulo semanal que trae ejercicios prácticos para conectar con la naturaleza a través de los distintos sentidos. Se requiere escribir a Carla Albiol Sola del equipo de 8 Shields en España a la siguiente dirección: shangrilaproject@gmail.com. Cada lección finaliza con preguntas para reflexionar y enviar de vuelta a Carla, quien responderá. Tener con quién compartir estos aprendizajes es invaluable y parte fundamental del proceso. A los niños les encanta y los adultos que lo han tomado dicen que se sienten estupendamente bien de hacerlos. Ese es el efecto de tomar vitamina N.

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