A inicios de los años ochenta, un grupo de jóvenes comprometidos con la justicia social y con la participación activa de las comunidades, amantes de la Educación Popular, de sus principios y metodología, llegó al cerro Unguí, en el suroccidente de Quito.
Tenían una sólida formación y un profundo respeto por las culturas y tradiciones de los pueblos, creían en una educación basada en el diálogo, la libertad y la construcción colectiva del conocimiento. Sus actividades se inspiraban en las luchas sociales latinoamericanas y en el pensamiento del filósofo y pedagogo brasileño Paulo Freire.
Antes de crear el INEPE, trabajaron en barrios formando organizaciones democráticas y participativas. Su quehacer juvenil tenía en el teatro, los títeres, la música y el taller de Educación Popular sus herramientas metodológicas fundamentales. Recorrieron el país realizando cientos de presentaciones y aprendiendo de cada comunidad.
La esperanza de un futuro mejor para los sectores más vulnerables se reflejaba en diversas experiencias de Educación Popular en Ecuador, América Latina y El Caribe. El estudio de estas iniciativas, junto con aportes educativos de distintas regiones del país, sentó las bases de lo que sería el INEPE. La trilogía de diálogo, participación y solidaridad, que emanaban de esas vivencias de Educación Popular, enlazó los caminos y sueños de esos jóvenes educadores con expresiones destacadas y desinteresadas de “maestros formales” y pobladores para gestar desde 1985 la propuesta educativa del INEPE.
A finales de los ochenta, llevaban cinco años de una actividad sistemática de trabajo popular, a la cual se sumó la urgente necesidad de que los hijos pequeños de los miembros del INEPE disfrutaran de la educación diferente que la institución recreaba con los niños y pobladores en los barrios. Surgió así “la escuelita en la casita de chocolate”, un aula improvisada en una casita prestada y acondicionada gracias a mingas de padres de familia y de jóvenes del barrio.
El camino de la Unidad Educativa inició en 1989 con 19 niños (seis de ellos, hijos de miembros del INEPE, y 13 niños del sector). Centro de Desarrollo Infantil y Primer Grado fueron los grupos que comenzaron la construcción del ideal pedagógico de una educación de alta calidad humana y académica.
El respeto, el afecto y el cuidado de la vida fueron la base de su propuesta pedagógica que se nutrió de pensadores sociales de la época. La búsqueda de respuestas los llevó a construir una visión curricular multidimensional, integrando las reflexiones docentes, la pregunta infantil, el arte, el análisis del contexto local y nacional, las necesidades de estudiantes y familias, los aportes del sistema educativo y la investigación científica. Además, incorporaron la historia, cultura y saberes milenarios donde se encuentra la institución educativa.
La práctica pedagógica transformadora, requería de maestros capaces de dialogar con los niños para construir interaprendizajes en el aula, de producir conocimientos científicos desde el color, el texto, la frase numérica, en un clima de respeto y afecto sinceros., por lo que en 1991 crearon la Escuela de Formación de Educadores Populares, experiencia innovadora de capacitación de profesores.
El PETM, creado en 2008, es un espacio abierto a toda la comunidad que impulsa una formación integral a través del arte. Bebés, niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos desarrollan su creatividad, sensibilidad artística, empatía y disciplina mientras aprenden a tocar un instrumento o participan en clubes y agrupaciones artísticas.
La Escuela de Formación de Educadores Populares, dio paso para que en el año 2012 se desarrolle el Entorno Virtual de Aprendizaje, compartiendo la filosofía y metodología de la Educación Popular a nivel nacional e internacional.
Posteriormente, toda la experiencia acumulada en la formación de docentes empáticos e investigadores, sería sistematizada para dar lugar a la creación, en el año 2022, del Instituto Superior Pedagógico INEPE, la “Universidad de la Educación Popular”.